Un año después del OXI

Por Sara Pérez (@sarap0va)

Hace un año estaba viviendo en una pequeña isla griega. Allí viví un año intenso en todos los aspectos, incluso el político.  Nada más llegar, aquel febrero de 2015, había leído en el periódico que la vida en Atenas era en el teatro como La nonna, la abuela de todas las democracias que tiene hambre, que está desesperada dentro de un laboratorio europeo en la que funciona como el experimento del neoliberalismo. Una tremenda Odisea donde la frialdad de los grandes números contrasta con la realidad de la vida cotidiana.

Cinco meses más tarde de mi llegada, concretamente el 5 de julio y tras un gran revuelo se produjo el referéndum en el cual les preguntaban a los ciudadanos griegos si debería ser aceptado el plan de acuerdo presentado por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional  en el Eurogrupo. De más de 9 millones de habitantes, votaron 6, la participación fue más de un 60 por ciento y el OXI (no) ganó por mayoría en todos los municipios.

Evangelos Venizelos del PASOK, así como To Potami y Nueva Democracia adujeron que el referéndum es inconstitucional y se decantaron por el “si”. En general, los partidarios del NAI (si) defendían con fervor a la Unión Europea a pesar de los múltiples palazos que pudieran haber llevado económicamente en esta Europa de clases, donde algunos somos más PIGS (Portugal, Italia, Grecia, Spain).

El presidente griego, Alexis Tsipras hizo un claro llamamiento por el OXI,  inmediatamente los ministros lo apoyaron y tanto el partido ANEL, quien forma parte del gobierno de coalición, como el ultraderechista Amanecer Dorado también llamaron a votar “no”.

Recuerdo las largas colas en los bancos, la gente tenía miedo y quería guardar su dinero debajo del colchón, vivimos bajo catastróficas advertencias de la Unión Europea acerca de la decisión. Esta propuesta era el eco de que algo se estaba haciendo mal porque las políticas de austeridad aplicadas no habían dado resultados y no había producido el crecimiento económico y desarrollo en la región. Aquel día de julio, Grecia nos dio una lección de democracia y nos hizo preguntarnos si era posible hacer una Europa diferente.

Pero a pesar del referéndum, las cosas no cambiaron y el Ejecutivo realmente no tuvo en cuenta el resultado del referéndum.  El ex ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, cargó duramente contra la formación. La acusó de “traicionar” a la gran mayoría de los griegos por “respaldar el tercer rescate” y rechazó formar parte de un Gabinete que aplique ese acuerdo. Dimitió, pero a día de hoy todo lo que diga Varufakis en Grecia va a misa (ortodoxa).

    “Los fuertes hacen cuanto pueden y los débiles sufren cuanto deben”, según Tucídides que tras rechazar la oferta de Milos que quería “ser amigo de todos y enemigo de nadie” la isla y sus habitantes fueron colonizados y esclavizados.

   En su momento compartí una foto en Facebook que había to
mado meses antes, en donde aparecía un corazón eno11216617_10206775985025755_8957646748459756170_orme pintando en una de las calles del emblemático barrio de Plaka en Atenas, casualmente dentro del corazón ponía “Athens needs love” (Atenas necesita amor) y yo
comentaba que “lo que un día toleraron las instituciones europeas se convierte hoy en la hipocresía de no aguantar lo que consideran la arrogancia del pueblo griego”. Hoy lo recuerdo porque aquellos que desde Bruselas lloran el Brexit muertos de pena fueron los que chantajearon y manipularon la voluntad griega de decidir y amenazaron contra el Grexit.

   Un año después Grecia continúa siendo un país de segunda en Europa. Desde las instituciones cuestionan su capacidad para gestión económica e institucional, así como el trámite de la crisis de los refugiados.  Ahora no hay colas de personas ante los bancos pero miles de personas se acercan a las costas del país pidiendo auxilio, esta crisis ha depositado parte de la responsabilidad humanitaria en el pueblo heleno, cuando es un problema que nos involucra a todos los europeos.

A pesar de las lentas políticas públicas que se desarrollan en Grecia (siga siga dicen) y de la presión desde las instituciones ante el miedo que producen los cambios, aquella auditoría ciudadana, al igual que se está produciendo en otras partes de Europa y también a nivel regional son la clave de la transparencia y el desarrollo democrático de un país y no deben tomarse como un consejo, sino como una obligación, ya que sirve para otorgar responsabilidades políticas y recuperar la soberanía de la nación que tantas veces fue sustituida por los mercados.

Por otro lado, estas auditorías hay que tomarlas como una señal de lo que debe ser Europa y  no es.  No hay duda, que la crisis griega es un reflejo de una demanda de una nueva Europa, menos austera y más cercana al pueblo, que sepa construir una verdadera democracia y que trate a todos los ciudadanos al mismo nivel.  Si Monnet, Adenauer, Gasperi o Schuman levantasen la cabeza seguro que volverían agacharla.

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