El gran desconocido TTIP

Por Alba Zaragoza De Vincenzo (alba_zdv)

Con motivo de la visita del Presidente de los Estados Unidos a nuestra capital, es conveniente hablar del TTIP, el Acuerdo Transatlántico de Comercio en Inversión por sus siglas en inglés. Es un acuerdo que se encuentra, desde julio de 2013, en negociación entre la Unión Europea y Estados Unidos. Bien es cierto que todavía no se ha llegado a ningún acuerdo ni texto oficial, las negociaciones y condiciones de este tratado siguen siendo en su mayoría secretas. La falta de información y transparencia sobre este tema apenas ha trascendido en la opinión pública, todavía incapaz de posicionarse correctamente.

Por parte de Europa, el TTIP surge debido a la necesidad de impulsar la economía europea y mantener así una influencia y posición en el mundo, cada vez más amenazada por las economías emergentes como China. El TTIP aseguraría el libre establecimiento de las empresas a ambos lados del atlántico, abaratando costes de producción y ofreciendo al público una mayor variedad de productos y servicios a un coste, a su vez, también menor.

Los expertos indican que este tratado, involucraría a más de 800 millones de consumidores y equivaldría a la mitad del PIB mundial.

El TTIP en tres claves

Al tener Estados Unidos y los estados miembro de la Unión Europea legislaciones divergentes en distintas materias, las negociaciones se basan en cambiar la regulación para encontrar un punto intermedio. Se habla de desregulación, ya que en Estados Unidos no existe el mismo control sobre el medio ambiente, la sanidad y los temas de índole social, como los derechos de los trabajadores, por lo que se teme que se rebajen los estándares europeos. Se pretenden reducir las formalidades administrativas a las cuales se enfrentan las empresas para así facilitar el libre comercio.

Las empresas americanas encuentran una oportunidad de negocio en los servicios sociales como la sanidad y la educación, por lo que veríamos una privatización de estos servicios, ya amenazados y en constante cambio por parte de nuestros gobiernos.

Por último, las empresas americanas podrán someter a un arbitraje internacional ante un tribunal privado a cualquier gobierno por pérdidas de posibles beneficios futuros, lo cual amenazaría gravemente las bases de nuestra democracia.

¿Qué consecuencias tiene el TTIP?

Los gobiernos indican que en ningún momento se pretenden rebajar los intereses de los consumidores y que este acuerdo pretende impulsar la economía internacional teniendo en cuenta las PYMES (pequeñas y medianas empresas), no obstante estos últimos no están presentes en las negociaciones, dirigidas por los lobbys, los representantes de las multinacionales.

Esto nos lleva a preguntarnos ¿lo qué es bueno para las empresas también lo es para los consumidores? Al tener Estados Unidos y Europa regulaciones tan divergentes en materias ambientales, sanitarias y alimentarias el gran miedo que encontramos de esta parte del atlántico es el cambio en nuestra legislación y en nuestros derechos. El fracking –una práctica para sustraer gases todavía pendiente de regulación en Europa, pero autorizada en Estados Unidos– y la importación a Estados Unidos de estos gases traerían consigo un aumento de las emisiones de gases a efecto invernadero. A nivel sanitario y alimentario, en Estados Unidos están autorizadas ciertas prácticas como introducir hormonas en la carne o clorar la carne en mal estado –clorar, si, equivale a pasar por cloro– para poder ofrecerla luego al público y, por supuesto, no hay restricciones sobre los organismos modificados genéticamente y los pesticidas.

También se estima que se perderían enormes avances sociales en temas laborales, ya que Estados Unidos carece de regulación colectiva del trabajo, abogando por la individualización de las condiciones laborales.

Bien es cierto que el TTIP todavía se encuentra en negociaciones, aunque estas, secretas y a las cuales miembros parlamentarios, por ejemplo, no tienen acceso, cabe preguntarse si es necesario otro acuerdo que regule la globalización y la economía consumista –que ha remplazado desde hace tiempo la economía capitalista– teniendo en cuenta los problemas ambientales y económicos y las cada vez mayores desigualdades entre los distintos países del globo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *