El delito de la libertad

Antes de las elecciones del pasado 26J, el diario Público desveló unas grabaciones de una reunión donde el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, y el director de la Oficina Antifrau de Cataluña, Daniel de Alfonso, hablaban sobre fabricar escándalos que desprestigiasen a los dirigentes de los partidos políticos que defienden el derecho a decidir y el proceso soberanista de Cataluña, producidas, precisamente, tres semanas antes de la consulta soberanista del 9-N.

¿A quién ha afectado esta información? Desde luego, a los implicados, no. Pese a conocerse las grabaciones antes de las elecciones, el partido que otorgó la cartera de Interior a Fernández Díaz, no se ha visto en absoluto perjudicado, sino al contrario.

El gobierno intenta ganar tiempo aduciendo la invalidez de las grabaciones, pese a que el magistrado Joaquim Bosch ha insistido en que si las escuchas fueron grabadas y filtradas por una de las dos partes, son perfectamente legítimas. Para la portavoz del Gobierno -no olvidemos que en funciones-, lo importante ahora mismo no es esclarecer el contenido de las grabaciones, sino “respetar los derechos fundamentales y a las libertades públicas”.

¿Acaso no es un derecho fundamental de los ciudadanos saber qué hacen sus dirigentes? ¿Acaso la información no es un derecho fundamental? Si bien es cierto que la manera en que la conversación ha transcendido no es quizá la más lícita, cuando los gobernantes se empeñan en hacer las cosas a espaldas de los que les dan el poder, pocas opciones quedan para dar a conocer la verdad.

Por parte del ministro, aclarar por qué podría abusar de la Fiscalía en su favor y en detrimento de otros partidos políticos, tampoco es lo importante, sino demandar al diario que publicó la información y seguir declarándose la víctima dentro de todo este asunto. El delito, en todo caso, es intentar alcanzar la libertad de información en un panorama político donde el ocultismo está a la orden del día, donde la transparencia es un gasto del que poder seguir recortando, un panorama político en el que mentir sale más barato que decir la verdad.

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