El ‘Brexit’ y la reformulación europea

Por Ana Rodríguez (@AnaRodriguez_24) y Sara Pérez (@sarap0va)

Empezaron con mal pie y siempre lo tuvieron más fuera que dentro. Corrían los años 50 cuando tras una Guerra Mundial nació lo que para muchos era el gran sueño europeo. Fueron seis los países que fundaron lo que hoy es la Unión Europea: Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos. Estos seis países empezaron a movilizarse y a formar lo que hoy es Europa e invitaron a Reino unido a formar parte de ello en las negociaciones en las que se debatiría si crear lo que hoy conocemos como “mercado común”. Y Londres dijo que no.

Por aquel entonces estaba en el poder el conservador Anthony Eden quien no estaba del todo convencido con este proyecto. De hecho, según explican en el periódico digital El Español, intentaron boicotear el plan de sus vecinos creando una zona de libre cambio entre los 19 países de la Organización Europea de Cooperación Económica. Reino Unido perdió y Europa salió ganando con la firma del Tratado de Roma, por el que se constituyó la Comunidad Económica Europea (CEE) en 1957.

Tuvieron que pasar cuatro años para que los británicos quisieran unirse a ese sueño europeo. Fue el ministro conservador, Harold Macmillan  quien pidió entrar en la CEE. No fue fácil. Francia les vetó. Sin embargo ellos no desistieron y en 1967 lo volvieron a intentar. El laborista Harold Wilson presentó su candidatura teniendo la misma suerte que la anterior: un NO por parte del general francés De Gaulle.

Dicen que a la tercera va la vencida y ese fue el caso de Reino Unido. Tras la dimisión del general De Gaulle se cerró el acuerdo por el cual Londres entró junto  a Irlanda y Dinamarca en la CEE. Esto ocurrió en 1973. Desde este momento tuvieron un tira y afloja que desembocó en un referéndum como el que hemos vivido en estos últimos días. Con la diferencia de que en 1975 ganó el SÍ con un 67 por ciento de los votos.

No hizo falta mucho tiempo para que Reino Unido volviera a no estar del todo cómodo dentro de la CEE.  En 1979 Thatcher se quejaba de que Londres daba más de lo que recibía. Y de nuevo comenzó ese tira y afloja del que hablábamos antes. Un tira y afloja en el que Reino Unido demostró no estar del todo implicado en las políticas que proponía la Unión Europea.

En 2013 y con problemas como la crisis económica y social en la que estábamos inmersos aumentó la desconfianza. David Cameron prometió que si era reelegido en 2015 convocaría un referéndum para que el pueblo decidiera. Y lo hizo.

23 DE JUNIO: UN DÍA HISTÓRICO

De las decisiones que tomamos individualmente depende el destino de todos. Eso ha ocurrido en Reino Unido. El ‘Brexit’ ha logrado el respaldo de 17,41 millones de electores, frente a los 16,14 millones de personas que se han decantado por la permanencia del país en la UE un 48,1 por ciento del electorado. Las consecuencias fueron inmediatas. David Cameron anuncio que habría un nuevo primer ministro en octubre y la libra cayó hasta niveles nunca vistos desde 1985.

 

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Gales y el este y el norte de Inglaterra se han decantado por el “Brexit” mientras que en Londres, Irlanda del Norte y en Escocia han votado por la permanencia.

Fue una noche triste para los europeos. La campaña de la permanencia se cerró con cierto optimismo. Y al principio parecía ir todo bien. Los primeros datos en conocerse fueron los Gibraltar que votaron por permanecer en la UE. Más tarde se fueron conociendo más resultados y en la madrugada del viernes conocimos lo que a muchos nos daba miedo escuchar. Reino Unido había decidido romper con 43 años de relaciones históricas con la Unión Europea.

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Los principales impulsores del Brexit fueron UKIP, el partido nacionalista que en las últimas elecciones parlamentarias obtuvo el 13 por ciento de los votos.  También, alrededor de la mitad de los parlamentarios del Partido Conservador, incluidos cinco miembros del gobierno y el popular exalcalde de Londres, Boris Johnson y algunos parlamentarios laboristas.

Los defensores de esta opción sostienen que la pertenencia a la UE es un obstáculo para el desarrollo de Reino Unido, que pone en la caja común más de lo que recibe, y que las regulaciones europeas, que consideran excesivas, perjudican a las empresas británicas.

También quieren que Reino Unido recupere el completo control de sus fronteras y que se reduzca el número de extranjeros que llegan al país en busca de trabajo.

A todo esto, hay que sumarle la juventud frustrada por su situación laboral; un partido Conservador totalmente dividido; una población envejecida que añora la grandeza pasada del Imperio y que teme los efectos de la inmigración; y, por supuesto, la mala imagen de la UE, considerada una organización llena de burócratas ineficientes y autoritarios.

El resultado del referéndum ha sido un reflejo de la tremenda división existente en el país. A favor de Europa han votado de forma masiva los jóvenes menores de 24 años (75%, según datos de YouGov); los habitantes de grandes ciudades, como Londres, Manchester, Liverpool y Edimburgo; los británicos de clase alta y media-alta; y aquellos con estudios superiores. Sin embargo, Por el Brexit se han decantado los mayores de 65 años, (un 60% son euroescépticos); los habitantes de las zonas rurales, sobre todo de Inglaterra; y las clases sociales más bajas y con menos estudios.

Sin lugar a dudas, el éxito de la campaña euroescéptica se debe a su apuesta por la inmigración, un tema que al final ha logrado asustar a los votantes. “Ha sido un acierto centrar la campaña en este tema”, declaraba Matthew Goodwin, profesor de la Universidad de Kent

¿Y AHORA QUÉ?

La reacción de Bruselas fue inmediata. En el mismo día emitieron un comunicado en el que pedían a Reino Unido que iniciara el proceso de retirada en cuanto antes y avisaban de que se niegan a abrir un proceso de renegociación. A su juicio cualquier retraso podría alargar innecesariamente la incertidumbre. No es un proceso ni corto ni sencillo. Es más hay muchas incógnitas abiertas sobre cómo lo van a hacer.

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Hubo consecuencias también en el mercado.  Horas después de conocerse los datos la libra esterlina se depreció más de un 7,5 por ciento frente al euro y un 11 por ciento frente al dólar. El euro también ha sido castigado con una caída del 2,1 por ciento en su cruce con el dólar hasta situarse en el nivel de los 1,1158 dólares. Los inversores han buscado un refugio y este ha sido el oro que llegó a subir un 8 por ciento.

Dicen que la unión hace la fuerza y que solos podemos hacer poco, pero juntos podemos hacer mucho. Europa está débil. Reino Unido también lo está. Ante nosotros tenemos una etapa de incertidumbre en la que cualquier cosa puede ocurrir. Los británicos se arrepentirán y los europeos pagaremos las consecuencias.

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