Trabajar en el McDonald’s en el extrajero: mucho más que servir hamburguesas

Por Marta Calahorra (@MartaYpocomas)

Hace un par de semanas decidí compartir una experiencia personal en mis redes sociales.

Mi intención no iba más allá de desahogarme y, quizá, un intento de concienciar. Me sorprendí del resultado. Pues he de reconocer que no esperaba que fuese compartida y comentada por tantas personas. Lo que me permitió comprobar una serie de aspectos de nuestra “complicada” sociedad.

De forma resumida, el suceso relatado en mis redes sociales fue el siguiente:

Vivo en Londres desde hace más de 7 meses y los fines de semana trabajo en un McDonald’s en la sección de cajera, es decir, de cara al público. Mi nivel de inglés es algo más avanzado que el básico. Aunque para atender a los consumidores no es necesario un excesivo nivel, ya que una vez memorizados  los productos a la venta la conversación cajera-cliente suele ser siempre la misma con escasas diferencias.

Desde el primer día de trabajo me conciencié de la diversidad de personas que me encontraría: impacientes, difíciles, inexpresivas y, por desgracia las menos, amables.

Pero una noche mis expectativas fueron superadas. Hubo un malentendido con una clienta (no pedí su hamburguesa “sin pepinillos” a la cocina) y ésta se dirigió a mi de la forma más agresiva y salvaje que jamás habría imaginado por un motivo tan, bajo mi punto de vista, insignificante. Pedí perdón una vez tras otra por mi error e incluso le ofrecí una hamburguesa nueva. Pero ella insistió a voces que quería hablar con mi mánager. Obediente y sin rechistar solicité a mi mánager para que manejara la situación. La clienta no se cortó ni un momento en reprocharle “cómo podían pagar a semejante incompetente”, “por qué no me voy a mi puto país de mierda si no entiendo nada” o “no es tan difícil poner una hamburguesa”.

A pesar de que me sentí apoyada por mi equipo de trabajo, no pude evitar sentir una sensación extrema de tristeza y desubicación. De tal modo que dediqué parte de mi publicación a las personas xenófobas (o a aquellas  que se dirigen a determinadas personas de la forma en la que aquella señora se dirigió a mi):

“Señora, usted no sabe que tengo 24 años y soy trabajadora social. Créame que mientras estaba estudiando mi carrera mi último deseo era tener que ponerle una hamburguesa sin pepinillos a usted, salir de trabajar a la 1.30 de la noche todos los sábados y domingos y llegar a casa a las 2.30 para así poder dejar de depender de mis padres a cientos de kms de mi casa, de mi familia, de mis amigos… de mi área de confort en general. Y en un idioma diferente al mío que no me permite expresar todo lo que siento.
Señora, quería que supiera que cuando estás tan sola en una ciudad de costumbres y rutinas desconocidas y tan lejos de tus seres queridos, que te digan “vete a tu puto país de mierda” te hace sentir exactamente eso…. la última mierda del mundo.

No me gusta odiar a nadie, pero anoche esta señora me hizo sentir un odio inmenso.

Por favor, amigos y amigas españolas… cuando un marroquí no os entienda, cuando vosotros no entendáis lo que os dice una colombiana o peruana, cuando un rumano te pregunte dos veces… se empático… No sabes cuál es la circunstancia de su vida y por qué está donde está en ese momento. Porque os aseguro que un insulto así lejos de tu entorno…te deja destrozado y sin ganas de nada…

Por favor, EMPATÍA.

Y, por supuesto, sin menospreciar el durísimo trabajo de todos los empleados de McD”.

Como he comentado anteriormente, no esperaba que mi texto tuviera la repercusión que tuvo. A día de hoy ha sido compartido más de 7200 veces, comentado por más de mil personas y he recibido mensajes privados cada día. He leído todos y cada uno de los comentarios. Me resultaron muy interesantes las reacciones tan diferentes de tantas personas que no me conocían de absolutamente nada, que fue inevitable no hacer un pequeño análisis. Y, abreviadamente, encontré varios perfiles de personas:

  1. Las que se ponen en tu lugar y te mandan palabras preciosas de ánimo, apoyo y valorando el gran esfuerzo que haces y todas tus cualidades positivas (insisto, sin conocerme de nada más allá de las palabras publicadas en ese texto).
  2. Las que después de leer que debemos ser empáticos juzgan generalizando a los ingleses como antipáticos, bordes, solo van a España a operarse,  a nuestras fiestas y playas y son tratados como reyes.  Sin más, eso son los ingleses.
  3. Personas que han emigrado alguna vez en su vida, han pasado por experiencias parecidas y las comparten contigo haciéndote sentir mejor.
  4. Personas que dan por hecho que he aprendido cómo tratar a los extranjeros a raíz de esta experiencia y automáticamente me han metido en el saco de los españoles xenófobos.
  5. Los que critican que me hayan puesto de cajera con un bajo nivel de inglés “culpándome” a mi o a mi mánager por el error, ya que primero debo aprender inglés. Sin caer en la cuenta de que la conversación con el cliente es la menos complicada. Cuando más uso doy al lenguaje es en las relaciones con mi equipo de trabajo.
  6. Otros.

En conclusión, me han sorprendido más las diferentes interpretaciones de las personas que me han escrito o han comentado mi publicación, que el suceso que tuvo lugar con aquella señora en mi trabajo. Cómo sin conocerme de nada más allá del texto pueden juzgarme como una buena persona, cómo rogando empatía lo primero que se les ocurre es insultar generalizando a todos los ingleses cuando la que lo hizo mal conmigo fue solo una, cómo esperan que aprenda inglés si no es practicándolo (no puedo permitirme una academia), cómo dan por hecho que se necesita pasar por una mala experiencia para aprender….

Y ustedes, ¿qué opinan?

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