El odio nos retrasa como civilización

Por Citlali Rubio 

No podemos dejar que el miedo nos domine, pero tampoco podemos vivir en un mundo intolerante, donde al mínimo cualquiera entra con pistola en mano y mata a todo el que tenga delante.  Cada vez se hace más común escuchar palabras como tiroteo, balacera, muertos, asesinados en las noticias. Hay que frenar esta oleada de violencia.

El pasado 22 de mayo un grupo armado entró en un bar gay de mi ciudad natal, Xalapa en México, mataron a 4 personas y 12 fueron heridas. Personas que se encontraban de fiesta una noche de sábado cualquiera, como podríamos ser tú o yo, jóvenes que esperan con ansia el fin de semana para poder salir, divertirse y tomarse algunas copas con sus amigos. Me pongo en situación y se me eriza la piel. Imagina a tu grupo; estrenas el vestido de verano que acabas de comprar porque ya hace calor, te maquillas, llamas a tus amigas, os reunís y vais por el camino contando alguna anécdota de una noche mítica, todo transcurre con normalidad hasta que en vez de llamar a un taxi para volver a casa, terminas en el hospital. Con suerte, eso significa que tus amigos sólo fueron heridos, sino terminarás la noche en la morgue.

Esta semana un hombre asesinó a 50 personas en Orlando, Florida y otras 53 fueron heridas, el local, nuevamente un club gay.

Intentó encontrar semejanzas, quizás la homofobia, pero son dos escenarios muy distintos en los que estás situaciones son comunes. Estados Unidos, la potencia mundial, el país de la libertad y de la libertad de armas, dónde un niño puede entrar a su colegio con una pistola en la mochila y cometer una masacre. El país de las oportunidades salta a las noticias siempre por sucesos trágicos como estos. México, en muchas zonas del país la violencia causada por los grupos criminales y cárteles ha ido en aumento como es el caso de Xalapa, convirtiéndose en una zona insegura, con conflictos de este tipo cada vez más frecuentes.

Apenas han transcurrido seis meses del año en curso y en España han sido asesinadas 43 mujeres por violencia machista. Una cifra que por desgracia aumentará. Mujeres que han muerto en manos de sus parejas o ex parejas.

Podemos llamarlo homofobia, machismo, pero todo es violencia. Y en este caso asesinatos, personas muertas. No creo que el aumento de los controles de seguridad resuelva este problema, incluso ni la prohibición de armas en EEUU. Porque quien no tiene armas encuentra la forma de tenerlas o fabricarlas.

Sonará manido, pero la educación es la clave, educar en el respeto. No hace falta simpatizar, sólo hace falta respetar. Porque la vida de cualquier persona no vale menos que otra por tener ideas diferentes o un estilo de vida opuesto. Hay que esforzarnos en educar a los niños y los que no son niños, en intentar hacerles ver a todas esas personas intolerantes que el juego no es así, que sus reglas ya no funcionan. Hay que educar y reeducar, porque somos lo que vemos, somos lo que nos enseñan.

Hay que enseñar que no importa de quien te enamores ni con quien tengas sexo, que tu mujer no está para lavarte la ropa y hacerte la comida. Hay que hacerles ver a todas las personas intolerantes que no se puede vivir en la edad piedra, donde las cosas se solucionaban a golpes, a matar. Hay que enseñarles a los más pequeños que no importa que a tu amigo le guste un niño, que no importa que tu vecino sea judío o árabe o católico o que tenga la piel de diferente color.

El odio nos retrasa como civilización, tenemos que invertir más en la cultura del respeto y menos en ejércitos.

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