El principio del fin

Tres semanas nos separan de las próximas elecciones del 26J. Un borrón y cuenta nueva después de los fallados intentos por formar gobierno tras el 20D. Una nueva oportunidad, el inicio de otra partida. Y con este inicio vienen las campañas electorales de todos los partidos. La diversión -aunque no se trate de eso- está asegurada.

La semana pasada ya pudimos ver el spot de Ciudadanos, con esa ranciedad tan suya de vender como nuevo algo usado. Frente a ellos, o más bien a su lado -a su derecha-, Moragas nos descubrió hace unos días el remasterizado himno de su partido. El PP merengado, como sacado del disco de Caribe Mix 1999, tema del verano en una playa de jubilados en Benidorm. Y la sala llena de periodistas sin saber dónde meterse. A su izquierda, el PSOE todavía no ha oficializado un hito en su campaña electoral, no se sabe si por que ya poco o nada pueden decir o porque están empezando a asumir el cambio está llegando y no, no son ellos.

Los que sin duda han empezado con fuerza han sido Unidos Podemos, tanto juntos como separados. Podemos ha lanzado su programa en formato catálogo de IKEA, algo que ha resultado controvertido, pero que resulta definitivamente una manera muy eficaz de acercar a la población a la política. Algo que, al fin y al cabo, es lo que cuenta, más allá de intentar denigrar al contrario u ofrecer una visión rancia de la política.

En cuanto a Izquierda Unida, su equipo sigue haciendo una de las mejores campañas electorales hasta la fecha desde La Cueva. Un partido que se creía muerto resurge de sus cenizas de la mejor manera, también apostando por un acercamiento a la gente, sobre todo a los jóvenes, como ya lo hicieron en las pasadas elecciones, convirtiendo a su líder en todo un icono juvenil pero sin dejarle caer en lo absurdo, pueril y vacuo.

Juntos han lanzado un spot que podría ser la clave de todo lo que está aconteciendo en el panorama político desde este invierno. Un cambio. Un cambio real que supere el miedo, con la sonrisa por bandera. Las encuestas, hasta el momento, les van dando poco a poco la razón de lo que vaticinan.

Las tres semanas que siguen de aquí hasta el 26 de junio marcarán un antes y un después, ya no sólo en la política, sino en su manera de comunicar. Puede que sea el fin al que tanto se ha apelado últimamente, la muerte del bipartidismo, un cambio de tornas. Esperemos que esta vez, al menos, los representantes se den cuenta de una vez de que, además de cambio, los votantes quieren diálogo, una vuelta de tuerca más a la política tradicional donde no nos limitemos a ver cómo un color y otro del hemiciclo hace o deshace a su manera, sin tener en cuenta nada más. Si éste es el fin, bienvenidos sean los principios.

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