Por qué las columnas de Manuel Vicent son de lectura obligada

Por Tatiana Arenas (@tatianaarenas_)

Manuel, escritor consolidado y periodista, dedica parte de su producción literaria a las columnas dominicales que publica en el diario El País. En estos artículos plasma la realidad a través de sus propios ojos, conformando una opinión sobre la propia actualidad más incipiente. La política es uno de sus temas más recurrentes, un ámbito que también ha trabajado en algunas de sus novelas y sobre el cuál posee una visión muy personal.

El panorama político no puede estar de más actualidad. A diario los informativos y las portadas de los periódicos se empapan de la situación de incertidumbre política que sacude nuestro país. La interpretación de esa realidad política nos facilita su comprensión y los medios de comunicación ejercen aquí un papel fundamental. De este modo, los medios no solo ofrecen información objetiva, sino que también se centra en interpretaciones que vienen de la pluma de, por decirlo de alguna manera, personas cuyo punto de vista es interesante. Concretamente en la prensa escrita este apartado se identifica, además de con el editorial, con las columnas.

La columna es el género periodístico más literario de todos porque no queda reservado solo a periodistas, sino a personalidades importantes de la cultura como escritores y literatos. La aparición de la firma de escritores conocidos en las páginas de la prensa se ha convertido en algo cotidiano y reconocido por los lectores. Los maestros de las letras plasman en sus columnas la realidad a través de sus ojos para transmitirlas. En ocasiones abordan la interpretación de temas concretos, como es el caso de Manuel Vicent y la política, que nunca están exentos de debate.

Vicent nació un mes antes de la Guerra Civil, lo que le obligará a vivir una niñez y una juventud marcadas por las consecuencias de la posguerra. Sin embargo, provenía de una familia relativamente acomodada que le permitió ciertos privilegios como la posibilidad de realizar una carrera universitaria. Si trayectoria a partir de sus inicios universitarios es larga, primero estudió Derecho en Valencia, más tarde decidió marcharse a Madrid a empaparse del ambiente literario que merodeaba por lugares como el Café Gijón y a comenzar a publicar. Se inició con la publicación de novelas, pero pronto orientó su producción literaria también a la prensa.

“Cuando yo estaba escribiendo, cuando ya había publicado, recordé como si lo supiera toda la vida, desde, adolescente, que yo lo que quería era escribir, aunque no lo tuviera muy claro, aunque no lo tuviera presente, sino latente, y de pronto aquello que había imaginado lo estaba haciendo sin darme cuenta”, cuenta en una entrevista realizada para un trabajo de investigación en el año 1993.

Ya de desde estos momentos los escritos de Vicen son mordaces, tal y como lo siguen siendo hasta la fecha. Por aquellos inicios no dudaba en apoyar la vuelta a la España democrática ni en criticar la dureza de la dictadura Franquista. En la actualidad no exime de críticas a ningún partido político y tampoco duda en remarcar la situación de crisis y las consecuencias que está teniendo para el ciudadano medio. Al autor siempre le ha movido ese inconformismo, destacan entre su producción sus colaboraciones con las emblemáticas y sátiras Hermano Lobo, Triunfo y La Codorniz. Ese inconformismo le llevó también a rechazar el conservadurismo inculcado por su familia y a asentarse más afines con la democracia. Los ideales políticos del autor, se podría decir, que giran en torno a proyectos de izquierdas pero nunca se ha casado con nadie ni ha militado nunca en ningún partido.

Cuando Vicent comienza con las columnas en El País sus creaciones tomarán forma y girarán en torno a una identidad propia creada por él mismo, que terminará definiendo su labor literaria en la prensa caracterizada por la plasmación de la realidad de una manera literaria pero mordaz. Eso es lo que podemos encontrar en las citas de los domingos, Literatura hecha Periodismo, sutil pero a la vez muy mordaz.

Más motivos por los que no hay que dejar de leer a Vicent. La defensa de la sociedad y sus derechos es un tema también recurrente para el autor. A través de sus columnas también expone las problemáticas que sacuden a la sociedad criticando a los poderes. La denuncia de injusticias suena alto cuando trata también el tema de la política, la cual considera podrida por todos los casos de corrupción que la recorren. El ciudadano indignado puede verse identificado con un autor cabreado que desconfía de la política y la pone a prueba en sus escritos.

Como hemos citado ya, gracias a su capacidad literaria de Vicent, la crítica a la vez que demoledora es sutil e irónica. El autor utiliza recursos literarios que, lejos de complicar el texto, lo adereza. De esta manera ese inconformismo de que venimos hablando no se narra en manifiesto con forma de columna de periódico, sino que a menudo también se convierten en cuentos, en la descripción de situaciones y el historias surrealistas cargadas de subjetividad e ironía.

El hecho de que el autor alterne análisis semanales de la actualidad con historias irónicas hace que cada domingo el lector se sorprenda. Además, la calidad literaria de sus escritos es desbordante a pesar de que la columna sea un género que exige síntesis. Por todas las características que hemos citado y por muchas más la columna de Manuel Vicent de la contraportada de El País es de visita obligada.

 

 

 

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