El viaje de tu vida

Por Daniel Sandmeier

Sólo dejo el sonido de muchas palabras oídas al azar con ecos burlones. Canté al cielo. El exilio me hizo libre, llevándome de mundo en mundo, desde todos los mundos” (George Santayana, filósofo hispano-estadounidense)

Os preguntaréis porqué he puesto esta cita, y al final del artículo es posible que lo sepáis. Decía Marx en su obra “La cuestión judía” que el Estado, en general, no puede conciliar los intereses contrapuestos de las clases ni implantar en la sociedad civil la armonía y la fraternidad. El Estado declara a los hombres iguales en un plano político, pero deja que la propiedad privada, el poder fáctico del dinero y la opresión real de muchos hombres siga su propia dinámica de empeoramiento. Entre el ciudadano y el hombre surge una profunda escisión. En cuanto que ciudadanos, los miembros de la sociedad son iguales y libres. Como hombres se enfrentan, explotan y someten.

Teniendo en cuenta que esto fue escrito hace 170 años, y dando por bueno dicho razonamiento, podemos decir que se ha avanzado mucho en este campo. Hasta el punto de que la “profunda escisión” de la que habla Marx ya no es tal. Actualmente somos ciudadanos, con derechos y deberes, con un Estado del Bienestar y nos vanagloriamos de ser los adalides de la libertad y los derechos humanos a nivel mundial. El hombre y el ciudadano, el ciudadano y el hombre, son el mismo sujeto en la sociedad europea del siglo XXI. ¿O puede que no?

No puede ser si miramos para otro lado en dramas como el de los refugiados. Sirios e iraquíes que huyen de la guerra en Siria y del terror del Estado Islámico; eritreos que se escapan del servicio militar indefinido y de la dictadura de su país; afganos que huyen del fundamentalismo talibán.

Todos ellos tienen una cosa en común, y es la búsqueda de una vida mejor. Algo a lo que aspiramos todos, podrían replicar algunos. Sí, pero la diferencia radica en que estos exiliados forzados y forzosos más que buscar una vida mejor, lo único que buscan es una vida, lisa y llanamente.

La Unión Europea exaspera con los tiempos que maneja para resolver la crisis humanitaria de todos estos exiliados, y parece que no es consciente de la magnitud de dicho problema. Ante una llegada de unos 3 millones de personas en estos últimos años, la UE ha decidido reubicar a 160.000 personas entre distintos países europeos, para repartir la “carga”. Con el acuerdo alcanzado con Turquía se cierra la vía a través del Egeo y Grecia, pero vuelve a adquirir importancia la ruta por Libia para llegar a Italia. Ruta que para los exiliados es mucho más peligrosa, pues el Estado Islámico se está haciendo fuerte en algunas zonas costeras clave y la travesía marítima es mucho más peligrosa, empezando por el simple hecho de que la distancia por navegar es mucho mayor.

En definitiva, la actuación de la UE es una pequeña tirita en una profunda herida. Es un doble error, una doble culpa podríamos incluso decir. Primero, por no habernos anticipado a esta catástrofe humanitaria, teniendo la capacidad y los medios para ello. Y segundo, por no dar una respuesta adecuada y a la altura una vez que la catástrofe ya se ha producido.

Lejos queda la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, tan lejos que parece que nuestros pueblos no estuvieron en algún momento de su historia condenados al exilio. Ya lo dijo George Santayana en su célebre obra “La razón en el sentido común”: “aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo”. Ahí queda.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *