De Periodismo y periodistas

Por Carmen Sánchez (@edhelgrim)

Hace diez años que me di cuenta de que era periodista y tuve claro que iba a ser eso o nada. Cinco años después de aquel cataclismo, me matriculé en la facultad de Periodismo y empecé a prepararme para lo que iba a ser el resto de mi vida (o eso creía yo, porque en realidad llevaba preparándome para ello mucho tiempo, y el que me queda). Seis años después de aquel día, después de haber conocido a mucha gente por el camino, cada día me quedan claras muchas cosas sobre este oficio.

La primera de ellas es que, como decía Kapuscinski, no, no es un oficio para cínicos, pero está plagado de ellos. Gente para la cual el fin justifica los medios y, si el fin es sacar la mayor tajada despidiendo a la mitad de la plantilla de un medio de comunicación, más. Gente a la que se le llena la boca diciendo que no hay dinero para contratar a un becario que se ha pasado el último año haciendo el trabajo de dos redactores, pero sí que lo hay para fichar a una super firma por el sueldo mensual de 30 de esos becarios.

La segunda es que éste, mal que nos pese, es un oficio de egos. Que no hay casi nada que más le guste a un periodista que ver su nombre firmando una noticia de portada, que se hable de él. Nada excepto medirse el ego con otros periodistas, claro. Yo lo tengo más grande que tú. Ya se sabe.

Otra de las cosas que cada vez tengo más claras es que, entre tanta exclusiva y tanta inmediatez, tanta noticia de portada y tantos intereses creados, nos hemos olvidado de lo que es verdaderamente importante en este oficio: la gente. Recordemos que sin alguien a quien contarle la historia, esta profesión no es posible, pero tampoco lo es si no tenemos en cuenta quién está detrás de la historia.

Hace un par de semanas, después de la liberación de los tres periodistas que han permanecido secuestrados en Siria durante diez meses, uno de ellos, Antonio Pampliega, dio en el punto clave de toda esta cuestión. “Que se hable de Siria y del sufrimiento de los sirios. Ellos son los importantes y no nosotros”.

Nos estamos olvidando de que aquí lo que importa es el otro. Tú -y yo, y todos-, como periodista, eres un simple intermediario. Nos estamos olvidando de cuestiones clave, ya no sólo para este oficio, sino para la vida en general: humildad y humanidad.

Nos estamos olvidando del servicio que le debemos a la sociedad, que es a quien le tenemos que rendir cuentas y no a las grandes empresas o a los grandes partidos políticos. Nos estamos olvidando de que una noticia es aquello que alguien no quiere que se sepa y que un periodista tiene que ser alguien que esté de parte de quien padece la historia y no de quien la hace -parafraseando a Camus-,  alguien que incomode al poder.

Nos estamos olvidando de lo imprescindible y así, difícilmente podemos dignificar un oficio que, aunque para muchos está herido de muerte, para otros supone salvar la vida y la cordura.

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