“La mejor película de la historia” cumple 75 años

Por Carmen Sánchez (@edhelgrim)

Así comienza la que, según Roger Ebert, es “oficialmente, la mejor película de la historia”. Ciudadano Kane constituyó en su estreno, el 11 de febrero de 1941, una total innovación en cuanto a la música y la fotografía pero, sobre todo, en cuanto a la estructura narrativa, lo que valió el Oscar a mejor guión original para Herman J. Mankiewicz y Orson Welles (este último además de guionista, productor y protagonista), así como las nominaciones a mejor película, mejor director, actor principal, dirección artística, fotografía, banda sonora, sonido y montaje.

La película, basada en la vida de William Randolph Hearst, cuenta la historia de Charles Foster Kane, uno de los mayores magnates de la industria editorial, que construye su carrera sobre el periodismo más idealista, dedicado al servicio social, pero que se ve corrompida en la búsqueda de poder. La historia se narra a través de flashbacks que componen la investigación de un periodista, Jerry Thompson, quien busca el significado de la última palabra que Kane pronunció antes de morir: Rosebud.

Ciudadano Kane es una de esas películas de obligatorio visionado en las facultades de Periodismo por su gran referencia a la profesión, además de la propia biografía del magnate: Periodismo es todo aquello que no se quiere que se sepa y Hearst, durante su estreno, prohibió hablar de la película en sus periódicos.  Welles, además, impuso una nueva manera de contar las cosas. Si en 1938 su adaptación radiofónica de La guerra de los mundos, la novela homónima de H.G. Welles, supuso una concepción nueva de la radio, el estreno -aunque más bien el reestreno en 1956, que encumbró el film a través de la crítica hasta un primer puesto en las listas de las mejores películas que ha conservado hasta nuestros días- de Ciudadano Kane marcó un antes y un después.

La fotografía impoluta de Gregg Toland acompaña los planos picados de la película montada de forma exquisita, una manera que retrata a la perfección la derrota de un hombre que quiso cambiar un mundo que le cambió a él, la nostalgia por ese trocito irremisible de felicidad que no es capaz de conseguir la ambición y el poder.

Y todo esto asombra aún más si tenemos en cuenta que para Welles era su primera vez en un mundo demasiado grande que adaptó a su medida de forma magistral, desde el guion a la dirección -cuentan que el primer día de rodaje, el joven director llegó al set y comenzó a colocar él mismo los focos hasta que alguien le advirtió que había una persona encargada de hacerlo, hasta tal punto llegaba su inexperiencia-, pasando por una actuación en la interpretaría a un Kane de los 20 a los 70 años sin inmutarse.

La cinta generó mucha polémica en su día, sobre todo en lo relacionado con las similitudes de la historia con la vida de Hearst. En el preestreno estuvo presente una de las periodistas más prestigiosas de la época, Louella Parsons, quien había trabajado para el magnate y al descubrir estas similitudes entre Kane y Hearst se marchó de la sala de cine e inició una persecución enardecida contra Ciudadano Kane.

Además, RKO Pictures, la productora a cargo de la película, llegó a recibir ofertas de grandes sumas de dinero por parte de los abogados de Hearst para destruir la película antes de su estreno, pero lo único que consiguieron fue que Welles accediese a eliminar algunas de las escenas. Una de ellas, según dicen los rumores, hacía referencia a la sospechosa muerte de Thomas Ince, un magnate del cine que murió durante una fiesta de cumpleaños de Hearst donde se encontraban la propia periodista Louella Parsons o Charles Chaplin.

Sea como fuere, la historia de la comunicación le debe a Welles su tesón a la hora de apostar por esa otra manera de hacer las cosas y llevar al máximo ese ideal de contar una historia pese a quien pese.

Orson Welles In 'Citizen Kane'

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