Las claves de un golpe 35 años después, 23F

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Firma: El País

Por Tatiana Arenas (@tatianaarenas_)

No importa el tiempo pase, ni cuántas versiones se publiquen sobre el acontecimiento, la realidad es que el intento de golpe de Estado del 23 de febrero fue un capítulo de la historia de España que marcó la memoria de toda una generación. Una marca a fuego sobre la que se ha dicho todo, o casi todo. Certezas y muchas dudas que quizás no lleguen a desvelarse nunca por completo.

Nos situamos a principios de la década de los 80. España atravesaba grandes problemas, se encontraba sumida en una brutal crisis económica, ETA asesinaba más que nunca y la sensación era de inseguridad e incertidumbre también en el poder tras la dimisión de Adolfo Suárez. La marcha de Suárez fue propiciada por una situación insostenible en el Gobierno, cuando éste dejo de contar con el apoyo de su propio partido y hasta con la confianza de joven Rey Juan Carlos I.

En palabras del general Manuel Gutiérrez Mellado, la trama golpista comienza a fraguarse el día 25 de noviembre del 1975, día de la proclamación del Rey Juan Carlos. “El Rey quiere serlo de todos a un tiempo y de cada uno en su cultura, en su historia y en su tradición”, estas son las palabras que, según el general,  destaparon los miedos de aquellos que anhelaban la continuación del régimen de Franco.

Los mandos de Ejército más fieles al Generalísimo esperaban que el nuevo Rey continuase con el legado de la dictadura, y sus discrepancias con la nueva democracia, que avanzaba con pies de plomo, crecieron con maniobras como la legalización del Partido Comunista (PCE), que se produjo en abril de 1977. Para este sector de los militares este era un asunto imposible de digerir.

Según cuentan periodistas que vivieron esta época, las conspiraciones de todos los partidos para derrocar a Suárez eran una realidad. La posibilidad de ofrecer a los militares la opción de formar parte del  Gobierno fue una conjetura que manejaron todos los partidos con tal de lograr su objetivo. Una opción peligrosa, que entreabría la puerta a los militares que estaban deseosos de terminar con la, todavía en pañales, democracia en España.

El 29 de enero de 1981 cualquier intento o conspiración en contra de que el presidente permaneciera en el poder perdió su sentido, Suárez presenta su dimisión y su relevo tomado por Leopoldo Calvo-Sotelo deja desconcertados a los militares que planeaban el golpe que planearon incluso su aplazamiento. Sin embargo, los acontecimientos precipitan las actuaciones de los militares.

A LA ORDEN DE “MIGUELETE”

El 23 de febrero de 1981, el capitán general de Valencia, Jaime Miláns del Bosch, pasó la  mañana retocando los últimos detalles, entre ellos el documento que horas más tarde decretaría en Valencia, de manera ilegal, el estado de excepción bajo su mando. Otra de las tareas fue reunir a su Plana Mayor para anunciarles que las distintas unidades recibirían información en mano sobre cómo actual “llegado el momento”, los sobres debían abrirse tras recibir la clave “Miguelete”. Nadie se opuso.

Por otro lado, en Madrid, el teniente Antonio Tejero, sin tropas a su mando, intentaba reclutar apoyos para llevar a cabo un asalto en el Congreso de los Diputados durante el pleno de investidura del Calvo-Sotelo. En este punto surgen las primeras e históricas dudas. Tejero contará con una ayuda decisiva, la del militar Vicente Gómez Iglesias que por aquella época estaba destinado a la Unidad Operativa de Misiones Especiales del Centro Superior de Información de la Defensa (CESID). Gómez Iglesias fue acusado por implicación en el 23F y por proporcionar vehículos y material a los golpistas. La gran duda es y será el grado de participación del sistema de inteligencia español en la intentona golpista.

Otro protagonista que provenía del CESID fue José Luis Cortina, jefe de la Agrupación Operativa de Misiones Especiales (Aome) de dicha institución. Cortina participó en las reuniones junto a los cabecillas del golpe, hechos que más tarde negaría. Además, se plantean más dudas sobre la intervención de este militar en el golpe. Debido a su inclinación relativamente progresista, nunca quedó claro si su implicación era con la finalidad de hacer de espía o de desmontar el golpe por dentro.

Otro detalle que añadir sobre Cortina, unas misteriosas palabras tiempo después del golpe cuando se celebraba el juicio por su implicación en el mismo. “Que no me jodan, que saco hasta lo de Carrero Blanco”, según información publicada por El Mundo, esa fue la frase pronunciada por Cortina en un receso durante la vista el 22 de marzo de 1982. El militar estaba al teléfono y el testigo de esa conversación fue el abogado de Tejero, Ángel López Montero. La sentencia de ese juicio se hizo pública en junio de ese mismo año y Cortina, sorprendentemente, salió absuelto mientras que Gómez Iglesias fue condenado a prisión y a la expulsión de la carrera militar.

Pero volviendo a lo acontecido el 23 de febrero, a las 18 horas y 23 minutos, la calma del Hemiciclo se vio interrumpida. Tejero entra por el lateral de la cámara y se sube a la tribuna a grito de “¡Quieto todo el mundo!” y a la orden de “¡Al suelo!”. Gutiérrez Mellado se levanta de su escaño y se encara con el propio Tejero, pero cuando los guardias empiezan a ver la inquietud de los demás diputados no dudan en disparar al techo. Tras los tiros, el forcejeo con Guitiérrez Mellado continúa.

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Firma: El País

La diputada del PCS, Anna Balletbó, presenció lo ocurrido desde su escaño y se encaró con otro de los guardias civiles para que le dejara salir, debido a su embarazo. Una vez fuera y a salvo en la sede de su grupo parlamentario llamó de inmediato al Rey. La primera pregunta del monarca fue si había heridos en la Cámara, la segunda la identidad y el número de los asaltantes. Aunque esta fue la primera comunicación que estableció el Rey con una de las testigos del asalto, o cierto es que el monarca ya había sido informado del suceso y había iniciado una intensa ronda de contactos telefónicos con las capitanías de la Guardia Civil de toda España. Una actuación frenética que se alargará a toda la noche.

“Hubo una primera llamada desde las Cortes, que decía que Tejero estaba en tal sala y tenía tal número. Como Tejero había entrado diciendo que iba en nombre del Rey yo hable con él y le pregunté y le dije qué haces ahí, qué es esto, qué está pasando y por qué vas en nombre que el Rey. Me dijo que no obedecía más órdenes que las de Miláns del Bosch, y colgó”, así lo explicaba en el declaraciones a TVE el por aquellos entonces Secretario General de la Casa del Rey, Sabino Fernández Campo.

Dentro del Hemiciclo se avisaba a los diputados retenidos permanecieran a la espera de que llegase “una autoridad militar competente” para “disponer” lo que iba a pasar y comunicárselo. “Estén tranquilos, no sabemos si esto será cuestión de 15 minutos o de horas”, avisaban los guardias que custodiaban la Cámara.

Acudió al Congreso el general Alfonso Armada, otro personaje principal de la trama golpista que llegó a entrar entre las conspiraciones del verdadero “elefante blanco” del levantamiento militar. Armada se ofreció a ser mediador en las negociaciones para solucionar el entuerto, pero su verdadera intención era la de un gobierno presidido por él.

Por otro lado, en Valencia, Miláns del Bosch marca el inicio del golpe y la autoridad militar asume todos los poderes. Las distintas unidades de las capitanías generales reciben la clave, “Miguelete” y rápidamente se pone en marcha un despliegue de fuerzas en las calles. Ya en alguna ocasión, el general Miláns avisó que no se jubilaría “sin sacar los tanques a la calle”, y así lo hizo la noche del 23F, aunque más tarde durante su juicio la defensa alegase que no había delito de rebelión alguno, ya que, según argumentaba, los tanques iban sin munición y hasta respetaban los semáforos. Pero aquella noche, como era natural, nadie reparó en comprobar si los vehículos iban cargados o no.

El Rey telefonea al general valenciano y le pide reiteradas veces que retire el estado de excepción, cosa a lo que el militar se niega mientras por otro lado intenta conseguir apoyos para el golpe de otras capitanías de España. Algunas, como la de Madrid, ya se habían pronunciado a favor del Rey.

Al tiempo y ya cayendo la noche, el teléfono de Zarzuela también establece contactos con las capitanías generales para frenar el golpe. Otra de las decisiones del monarca fue la creación de un gobierno en funciones que evite el vacío de poder, será un gobierno conformado por secretarios y subsecretarios de los ministerios más relacionados con la seguridad para gestionar esta crisis. Francisco Laína García, director de la Seguridad del Estado,  ejercerá de presidente del Gobierno en estas horas cruciales, donde se estableció un puesto de mandos provisional en el Hotel Palace de Madrid. Allí acudieron los designados para trabajar contrarreloj y solucionar lo acontecido.

En Madrid también se temió la aparición de los tanques, la División Acorazada fue un elemento importante que estuvo a punto de verse envuelta en un cambio de los acontecimientos. Su intervención habría sido decisiva. Los mandos de esta división habían sido informados de dos claves falsas, que el Rey apoyaba el levantamiento y que el general Armada se encontraba en Zarzuela. Efectivamente, Armada se había ofrecido a subir a la residencia del Rey a explicar su posición, pero el Rey había descartado este encuentro.

Las unidades de la Guardia Civil de Madrid empiezan a replegarse, es entonces cuando desde Zarzuela se empieza a sospechas de las implicaciones de Armada en el golpe, que había utilizado el nombre del Rey para acudir al congreso y proponerse como presidente de un gobierno de concentración. Armada estaba ocultando sus intenciones y se había colocado en el papel negociador, además, pretendía que el Rey le nombrase presidente.

Sobre la media noche dos agentes del CESID de acercan al Congreso. La plaza de las cortes permanecía cortada, son ya seis horas de retención las que han vivido los diputados. Una vez allí, los agentes reciben la información de que el cerebro de la operación en el general Armada. Automáticamente salen del edificio a comunicárselo a los servicios de inteligencia.

EL ESPERADO MENSAJE DEL REY

Cuando RTVE recobró la normalidad y había dejado de estar custodiada por guardias civiles, se puso en marcha el operativo para emitir el mensaje de su Majestad. Muchos piensan que llegó tarde, pero desde Zarzuela los testigos cuentan que las intensas negociaciones por teléfono entre el Rey y las capitanías generales de toda España se alargaron y se complicaron a su vez con la ocupación de las instalaciones de Televisión Española.

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Una y cuarto de la madrugada, la hora del esperado mensaje. “La Corona, símbolo de la permanencia y unidad de la patria, no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático que la Constitución votada por el pueblo español determinó en su día a través de referéndum (…)”.  Un mensaje breve y conciso que aclaraba la posición del monarca y explicaba que había ordenado a las Autoridades Civiles y a la Junta de Jefes de Estado Mayor que tomasen “todas las medidas necesarias para mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente”.

Cuando la noticia del mensaje del Rey llega al Hemiciclo, los diputados retenidos piensan que los militares están perdidos, y que era cuestión de tiempo que regresara la normalidad.

Durante el comunicado, Armada ya se encontraba en el Congreso y se reúne a solas con Tejero. Armada le comunica que su intención es proponer a los diputados un gobierno presidido por él, pero Tejero, en total desacuerdo no le deja acceder del todo al edificio y llama con urgencia a Miláns. En este punto, cabe aclarar que entre los cabecillas del golpe había aspiraciones variadas. Armada apostaba por ese gobierno presidido por él, otros se negaban a que este accediera a gobernar y pedían un Junta Militar y la ilegalización de los partidos políticos. Entre ellos mismos había desacuerdo, sin embargo cuando Tejero habla con Miláns éste, sorprendentemente, le pide que acepte el plan de Armada.

Las horas pasaban, y una de las propuestas del gobierno en funciones reunido en el Palace fue asaltar asaltar el Palacio de las Cortes por entradas traseras y sorprender a los guardias que retenían a los diputados. Pero esta era una idea peligrosa, el edificio estaba plagado en su interior de civiles armados y cualquier reacción violenta podría haber causado un desastre para los más de 400 rehenes que había en el interior. Se optó por la paciencia. Esperar e ir minando la situación poco hasta que  los militares reconociesen la orden del Rey y que el golpe había fracasado.

El Valencia, Miláns ordena la retirada de sus unidades y en Madrid los militares comienzan a debilitarse. Dentro del Congreso los diputados que lo vivieron, cuentan que los que les custodiaban se moderaron en tono y en trato, fue entonces cuando los retenidos empezaron a percibir el fracaso de los militares.

Aunque el encierro se alargaría unas horas más, alrededor de las 5 de la mañana los periódicos ya sacaban a la calle las primeras portadas condenando la intentona golpista. Centenares de periodistas hacían guardia a las puerta del Palace. Antes de los periódicos, las radios permanecieron en activo informando en directo de todos los acontecimiento, por ello se le denominó “la noche de los transistores”.

Las negociaciones insistían, tanto entre militares como por parte del gobierno en funciones. La tensión permaneció hasta el último momento y por la mañana los ciudadanos comenzaban a salir a la calle pendientes de los acontecimientos. La imagen de los primeros guardias civiles que se entregan saliendo por la ventana será una de las imágenes grabadas del golpe.

“DISPAREN CONTRA MI. SALIMOS TODOS”

Manuel Fraga fue el que exigió a los guardias del interior que liberasen a los rehenes pasadas las nueve de la mañana, los diputados habían pasado toda la noche en vela. “No paso por esto, disparen contra mi. No le hago ningún favor, lo siento mucho, quiero salir de aquí. Salimos todos”, fueron las palabras de Fraga. Ya a las 11 de la mañana, los asaltantes también dan muestra de su cansancio y Tejero pide a Armada que regrese al Congreso para concretar las detenciones pertinentes a los asaltantes. Tras una rápida reunión, del director General de la Guardia Civil acude al Palace con la promesa de liberar a los rehenes. El gesto de Armada es de aparente respiro.

Otra imagen para la posteridad será la del coronel Tejero despidiéndose uno a uno de sus guardias, más tarde él mismo se entregaría. A estas horas, el asalto agoniza vertiginosamente, y a las 12 en punto del mediodía y de forma ordenada comienzan por fin a salir los diputados. Detenidos quedaron Tejero, Miláns del Bosch. Armada fue cesado como segundo Jefe del Estado Mayor horas después y arrestado a los pocos días.

Que el golpe había fracasado ya era un hecho, y si lo había hecho era porque las Fuerzas Armadas, víctimas aún de una mentalidad inconstitucional, habían obedecido la orden del Rey. La débil y recién nacida democracia resistió.

Ahora bien, los hechos narrados son solamente los conocidos y son muchas más las lagunas que existen. El Rey Juan Carlos jugó el papel mediador que terminó en salvador, ¿se montó esta parafernalia para legitimar, en cierto modo, la figura del monarca? Y si no fue así, ¿cuál era el verdadero objetivo del golpe si desde dentro parecía algo asincrónico?, ¿quién fue el elefante blanco?, ¿tienen sentido las palabras de Cortina durante su juicio? Dudas de la historia.

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