Rogar por un voto

Por Sara Pérez (@sarap0va)| Grecia

El 90% de los expatriados no votaron el 20D.

Votar desde el extranjero se ha convertido en una odisea griega (y nunca mejor dicho). Para hacerlo hay que tener ganas, tiempo y dinero. Y créanme que lo primero me sobra.

La maraña burocrática, negligencias, lentitud, desinformación, plazos ínfimos y distancias entre residencias y consulados imposibilizan el voto a las casi dos millones de personas que estamos viviendo fuera de España. La consecuencia: el 90% de los expatriados somos víctimas de este caos, que este 20 de diciembre nos ha dejado al margen de cumplir nuestro derecho fundamental.

La reforma electoral de febrero del 2011 se presentó como una solución a las irregularidades del censo y acabó creando un problema político sin voluntad de cambio por parte de los partidos que, tras haber admitido el fracaso de la reforma, la han mantenido en el tiempo.

No es casualidad que una de las razones de estas limitaciones que afectan generalmente a una ciudadanía joven que reclama el cambio sea básicamente alargar la vida de los dos grandes partidos que se han turnado el poder y que no han pasado por alto su base de edad, mucho más elevada.

Es inadmisible en una sociedad democrática acumular obstáculos para que tantas personas desistan de votar aunque quieran hacerlo. ¿Quién ha puesto precio a mi voto?

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