Psicosis en Bruselas

Por Ana Rodríguez (@AnaRodriguez_24) / Gante (Bélgica)

Calles desiertas, comercios con la persiana bajada, espectáculos cancelados, museos, cines, teatros cerrados. Miedo, mucho miedo. Tras la decisión de Gobierno de decretar el estado de máxima alerta ante el riesgo “INMINENTE” de un ataque terrorista parecido al de París, la ciudad de la cerveza y el chocolate se convirtió en una ciudad fantasma.

Después de los atentados que tuvieron lugar el pasado 13 de noviembre en la capital francesa, ciudadanos de varias partes del mundo se solidarizaron con la situación de terror que se estaba viviendo a causa de los ataques atribuidos al Estado Islámico. Las embajadas de Francia en diferentes países se llenaron de flores y carteles en homenaje a las víctimas que dejó este atentado. Con este acto demostraban que no tenían miedo. Sin embargo, en Bélgica todo era diferente. El Estado Islámico había ganado la batalla.

El jolgorio de esta ciudad quedó atrapado por el ruido de las tropas con sus armas y sus camiones. Las estaciones de metro fueron cerradas y la mayoría de trabajadores decidieron cumplir con sus tareas desde sus casas. ¿Pero por qué de un día para otro Bélgica piensa que está en el punto de mira de los terroristas y decide obsesionarse?

Según el informe del Centro Internacional de Estudios para la Radicalización de los 20.000 extranjeros que combaten en Siria, 4.000 son europeos. En proporción con el resto de países de la Unión europea, los belgas son los más numerosos, es decir, unos 40 yihadistas por cada millón de habitantes. La mayoría de ellos proceden de Molenbeek, uno de los diecinueve municipios en los que se divide la región de Bruselas.

Es conocido por ser el segundo municipio más pobre de Bélgica y uno de los que tiene más densidad de población y más joven. Fundado en la Edad Media, este barrio debe su nombre a los molinos de agua con los que contaba esta zona en la Edad Media (“molen”-molino- y “beek”-arroyo). A finales del siglo XVIII, en tiempos de la Revolución pasó a estar bajo dominio francés. Durante esta etapa su industria comenzó a mejorar hasta tal punto que se le llegó como a conocer como el “Manchester belga”. Esta prosperidad se truncó con el comienzo de la Primera Guerra Mundial en 1914. Las dos grandes guerras acabaron con la poca industria que allí quedaba, convirtiendo a este municipio en un barrio marginal de la capital.

En consecuencia este distrito pasó a ser el asiento preferido de familias árabes inmigrantes que vinieron a Bélgica en busca de trabajo. Sin embargo, desde 2002 y sobre todo a partir de La Primavera Árabe se ha convertido en la cuna del yihadismo europeo. Hoy en día Molenbeek es una zona administrativa situada a apenas dos kilómetros al oeste de la Grand Place, en el mismo centro de Bruselas. La tasa de paro de este municipio alcanza casi el 40 por ciento lo que le sitúa a la cabeza del paro en toda Bélgica. Sin embargo, no es el paro el culpable de que Bruselas se haya convertido durante unos días en una ciudad fantasma; sino los atentados de París que al parecer estaban organizados desde este barrio. De hecho aseguran que en las calles de este municipio marginal se forjaron los terroristas que atentaron contra el semanario satírico Charlie Hebdo e incluso fue la sede donde se planificó el 11M en Madrid. Pero la realidad es que este distrito nunca aparece en primer plano, sino como una especie de base en la que se planifican los ataques.

Varios factores han contribuido al auge de una radicalización islámica, sin control efectivo del estado, en ese sector de Bruselas y en Bélgica, en general. Las redes sociales son el principal vehículo de captación. El mensaje es el siguiente: en Bélgica no eres nadie, pero en Siria puedes ser un guerrero. La desigualdad económica junto con la presencia de imanes cada vez más radicales es lo que les lleva a viajar al núcleo del yihadismo mundial. No obstante, los casos de yihadistas en el vecindario son hechos aislados que no representan la identidad de sus habitantes.

El hecho de que haya aparecido vinculado a muchos de los ataques yihadistas y de los intentos frustrados de atentados en Europa en los últimos años ha hecho que el miedo en Bruselas haya alcanzado niveles poco ordinarios. Ante esta situación el Gobierno belga ha presentado un plan específico para combatir la  radicalización y el terrorismo en Molenbeek.

Lo peor del terrorismo – lo sabemos muy bien en España- es que aparte de acabar de forma indiscriminada con la vida de cientos de inocentes, tiene la capacidad de crear alarma en la población. Y queriendo o sin querer, en Bélgica lo han conseguido. El corazón de Europa se ha paralizado y en consecuencia nosotros también. Durante unos días Bélgica ha demostrado estar dispuesta a vivir castigada bajo una dosis de pérdida de libertades a cambio de poder disfrutar de lo que es un derecho fundamental para cualquier ser humano: vivir.

Después de cinco días “cerrada” por amenazas, Bruselas está intentando volver a la normalidad. Las autoridades del país rebajaron el pasado jueves el nivel de alerta de Bruselas. No obstante, los registros relacionados con la investigación en París continúan. La inquietud persiste entre los habitantes de la capital belga que siguen expectantes ante el riesgo de un atentado terrorista. Es difícil valorar algo que das por descontado que tienes derecho a ello, como por ejemplo la libertad. Ahora mismo no nos sentimos seguros. Y nos costará volver estarlo. Este suceso ha marcado un antes y un después en nuestras vidas. Sea como sea y se tomen las decisiones que se tomen nada volverá a ser como antes. La psicosis ha ganado la batalla.

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